Acompañamiento a Sindicato de Mujeres Afrocolombianas Empleadas en las Labores del Hogar

Agencia de información laboral

Empleadas del servicio doméstico de origen afro crean sindicato en Medellín

 

María Roa Borja, presidenta de la Unión de Trabajadoras del Servicio Doméstico, UTRASD

Autor: Agencia de Información Laboral- ENS
Correo-e del Autor: informacionlaboral@ens.org.co
Noticia publicada el (mes/día/año): 04/02/2013
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El pasado 1º de marzo 28 mujeres, todas de raza negra y todas empleadas del servicio en hogares de Medellín, dieron cuerpo al primer sindicato con componente étnico que se crea en el país, y tal vez en el mundo: la Unión de Trabajadoras del Servicio Doméstico, UTRASD.

Dada la cercanía al Chocó y el constante flujo migratorio desde este departamento, la capital antioqueña comporta un considerable número de población afro: 236 mil personas, según el último censo de la Corporación Convivamos y la Alcaldía de Medellín, y el 52% son mujeres. Sólo que para éstas las posibilidades laborales son limitadas en proporción directa con su preparación académica. De ahí que la mayoría de estas mujeres lleguen a Medellín en busca de empleo en el servicio doméstico, que no requiere ningún tipo de calificación.

Pero el servicio doméstico, más para las negras que para cualquiera otra trabajadora que no lo sea, está minado de discriminaciones y abusos por parte de los patrones; y de la misma legislación laboral que todavía consciente normas claramente discriminatorias, pese a que el año pasado, mediante ley del Congreso, Colombia ratificó el convenio 189 de OIT que trata de los derechos de las trabajadoras domésticas, quienes regularmente padecen múltiple discriminación en razón de su condición de mujeres, de negras y pobres, además dedicadas a un oficio estigmatizado, socialmente poco valorado y mal pagado. La mayoría recibe al mes menos del salario mínimo.

Un reciente estudio adelantado por la Corporación Carabantú y la ENS entre 182 empleadas domésticas de raza negra en hogares de Medellín, reveló que este oficio se caracteriza por ser altamente deficitario en indicadores de Trabajo Decente. Empezando por su alta informalidad: el 85,7% de los contratos son verbales, con el agravante de que ellas creen que por eso no tienen derecho a sus prestaciones sociales, cuando sí los tienen, circunstancia esta que los empleadores aprovechan para conculcarles derechos. Entre ellos el de la jornada laboral. En un hogar prácticamente les toca trabajar desde que se levantan hasta que se acuestan, sin reconocimiento de horas extras ni festivas.

Además casi todas tienen hijos y son madres solteras o separadas, cabeza de familia, y en alto número llegan desplazadas de sus regiones de origen a ubicarse en zonas de estrato socioeconómico bajo, no logran ascender laboralmente. Con el agravante de que por ser un oficio que hacen de puertas para adentro, son poco visibles las reiteradas violaciones de sus derechos; y es casi nula la inspección del Ministerio de Trabajo para detectar irregularidades. En el 2011 sólo hubo 5 inspecciones laborales a hogares, mientras en el sector comercio realizó cerca de 4 mil inspecciones.

Para tratar de corregir todos esos “entuertos” fue que se creó UTRASD, un sindicato de gremio que en el mes que lleva ha tenido buena cogida y respaldo por parte del movimiento sindical y las organizaciones afro que operan en Antioquia, organizaciones éstas que en el pasado poco se habían preocupado por los temas laborales de la comunidad afrocolombiana.

Para Ramón Emilio Perea, director de Carabantú, ONG que defiende los derechos de las comunidades afrocolombianas, y que participó activamente para la organización de las domésticas en torno a UTRASD, calificó el hecho como un hito, pues según sus conocimientos, es el primer sindicato que se crea en el mundo para reivindicar derechos laborales de las trabajadoras domésticas con la particularidad étnica afro.

“Son mujeres que padecen triple discriminación, y en el caso de Medellín por ahí la cuarta parte son desplazadas de sus territorios y eso las pone en situación de mayor vulnerabilidad. Pero es en el espacio del trabajo donde más viven la discriminación. Es tema que no se puede pasar por alto”, aseveró el director de Carabantú, quien hizo énfasis en la importancia de reivindicar derechos laborales desde la perspectiva étnica, como mujeres afrocolombianas.

Por su parte María Roa Borja, presidenta de la Unión de Trabajadoras del Servicio Doméstico, UTRASD, insistió en que la finalidad de su proyecto sindical es hacer valer sus derechos en aspectos como lograr el pago de todas sus prestaciones sociales. Consideró que la mayor dificultad son las limitaciones de tiempo y espacio para reunirse, y el mayor reto atraer más afiliadas a la organización, al igual que su capacitación en los gajes sindicales.

María Roa Borja

“La ventaja es que las 28 integrantes del sindicato son líderes entre las comunidades de mujeres negras en varias zonas de la ciudad. La idea es que cada una de ellas, en aras del crecimiento de la organización, venda la idea a otras mujeres en sus zonas y genere más afiliaciones”, señaló la abogada Sandra Muñoz, quien ha venido asesorando el naciente sindicato por parte de la Escuela Nacional Sindical.

Los 5 ejes de actuación del sindicato

Los objetivos que se ha planteado UTRASD se resumen en 5 puntos:

 

  1. Incidir para que las trabajadoras domésticas tengan su prima de servicios. Este es un derecho del que, según la ley, gozan los trabajadores de unidades productivas que generen utilidad, y los hogares no lo son, por eso no se les reconoce la prima. Las domésticas por su parte alegan el principio de que a trabajo de igual valor salario de igual valor, y ellas se esfuerzan lo mismo, y hasta más, que un trabajador de cualquier empresa; y más cuando en otros países ya se han igualado derechos en todos los sentidos.

  2. Normalizar la jornada laboral. Por ley la jornada máxima de una interna es 10 horas, la de una externas y por días es de 8 horas, pasarse de ese horario genera la obligación de pagar horas extras. Lo que se quiere es que todas por igual tengan jornadas de 8 horas, como cualquier trabajador, y pago de horas extras, nocturnas, dominicales y festivos.

  3. Exigir una verdadera inspección laboral a hogares por parte del Ministerio de Trabajo.

  4. Exigir el pago obligatorio de la seguridad social integral a las que trabajen por días en diferentes hogares. Los empleadores se deben unir para cotizar y cubrirle la seguridad social de sus empleadas.

  5. El Estado deberá presentar informes periódicos a la OIT sobre el estado del Trabajo Decente en empleadas domésticas, en virtud del hecho de que Colombia ya ratificó el Convenio 189 de la OIT. Antes de su ratificación el Estado colombiano no tenía esta obligación, ahora sí.

 

Revelaciones del estudio ENS-Carabantú

El estudio que recientemente presentaron la ENS y Carabantú sobre la situación laboral y las condiciones de trabajo decente de las domésticas de origen afro en Medellín, el primero de su clase en el país, titulado “Barriendo invisibilidades de las trabajadoras domésticas afrocolombianas”, arrojó resultados en los que vale la pena detenerse, que ubican a las domésticas como “trabajadoras de segunda” en materia de derechos laborales. Veamos algunos:

Familia: El 97.6% tiene hijos y son madres solteras o separadas, cabeza de familia.

Contrato y formas de empleo. El 85.7% tienen contrato verbal. El 52.4% trabaja por días en diferentes hogares, el 26.2% son internas en casas, y el 21.4% son externas, es decir van todos los días a una casa pero no duermen allí.

Razones para emigrar: El 57.1% llegó a Medellín en busca de oportunidades laborales, el 23.8% por desplazamiento forzado, para estudiar el 7.1%, y por otras razones el 11.9%.

Clasificación socioeconómica. El 47.6% pertenece al estrato uno, el 40.5% al estrato 2, y en el 3 no encontró ninguna. Las que dicen pertenecer a estratos 4, 5 y 6 son internas y referencian la dirección del hogar donde laboran.

Grado escolar. El 52.4% tiene como último grado de escolaridad la básica primaria, el 26.2% tiene la media. El 92.9% no se encuentran estudiando, pero la mayoría respondió que sí les gustaría estudiar.

Jornada laboral. El 91% de las internas trabajan entre 10 y 18 horas diarias, solo el 9% labora las 10 horas de ley. El 88.9% de las externas trabajan entre 9 y 10 horas, y sólo el 11.1% trabajan lo de ley. El 50% de las que trabajan por días en diferentes casas lo hacen entre 8 y 10 horas diarias, el 31.8% labora entre 11 y 14 horas. Y en el 90.5% de los casos no recibe pago por las horas extras.

Salarios: El 61.9% recibe entre $300 mil y $566 mil al mes. El 21.4% recibe entre $100 y $300 mil, y el 2.4% entre $50 y $150 mil.

Prestaciones sociales: Las cesantías solo las recibe el 33.3% de las trabajadoras, vacaciones tiene el 47.6%, afiliación a pensiones solo el 21.4%, el resto está desprotegido. El 50% de las afiliadas a salud lo están en régimen subsidiado y el resto en el contributivo como beneficiarias. El 64.3% no está afiliado a riesgos laborales.

Discriminación: El 54.8% dijo que sí es discriminada en el trabajo por el color de su piel. Y el 71% conoce mujeres que han sido discriminadas en el puesto de trabajo.

 

Se crea en Medellín el Sindicato de Empleadas del Servicio Doméstico de origen afro
Escrito por Prensa CUT
Jueves, 04 de Abril de 2013 12:01

El Departamento de la Mujer de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, da la bienvenida a las  compañeras trabajadoras del Sindicato de Empleadas del Servicio Doméstico de origen afro, creado en Medellín.

El pasado primero de marzo 28  mujeres, empleadas del servicio doméstico en hogares de Medellín, fundaron la Unión de Trabajadoras del Servicio Doméstico, UTRASD, el primer sindicato  que visibiliza la composición étnica mayoritaria afrocolombiana.

Saludamos la creación de este sindicato, que tiene como contexto en el país la ratificación del convenio 189 de la OIT sobre trabajo doméstico, a través de la ley 1595 del 27 de diciembre del año 2012. Destacamos la composición del mismo, la mayoría son mujeres migrantes de la región del Choco y de origen afro, y exaltamos la urgencia que tenemos en Colombia de regular la situación de  las personas que trabajan en este sector, quienes se desempeñan en un trabajo considerado servil desde la época de la esclavitud.

Por ello, en múltiples ocasiones, éste trabajo sigue materializando injusticias sociales históricas. Es un sector de mano de obra asalariada barata e incluso no pagada, marcado por una cultura que desvaloriza el trabajo de cuidado y establece relaciones discriminatorias hacia las personas que realizan estas laborales, cuyos efectos son bajos salarios y vulneración de derechos.

Desde el departamento de la Mujer CUT, destacamos el  componente de género en la conformación de este sindicato, porque este tipo de trabajo ha reemplazado a las labores domésticas no pagadas que las mujeres históricamente han tenido como su responsabilidad. Por ello nos comprometemos a continuar luchando contra las discriminaciones encontradas por el  estudio realizado por la Escuela Nacional Sindical y la organización Carabantu en cuanto a:

Familia: El 97.6% tiene hijos y son madres solteras o separadas, cabeza de familia.

Contrato y formas de empleo. El 85.7% tienen contrato verbal. El 52.4% trabaja por días en diferentes hogares, el 26.2% son internas en casas, y el 21.4% son externas, es decir van todos los días a una casa  pero no duermen allí.

Razones para emigrar: El 57.1% llegó a Medellín en busca de oportunidades laborales, el 23.8% por desplazamiento forzado, para estudiar el 7.1%, y por otras razones el 11.9%.

Clasificación socioeconómica. El 47.6% pertenece al estrato uno, el 40.5% al estrato 2, y en el 3 no encontró ninguna. Las que dicen pertenecer a estratos 4, 5 y 6 son internas y referencian la dirección del hogar donde laboran.

Grado escolar. El 52.4% tiene como último grado de escolaridad la básica primaria, el 26.2% tiene la media. El 92.9% no se encuentran estudiando, pero la mayoría respondió que sí les gustaría estudiar.

Jornada laboral. El 91% de las internas trabajan entre 10 y 18 horas diarias, solo el 9% labora las 10 horas de ley. El 88.9% de las externas trabajan entre 9 y 10 horas, y sólo el 11.1% trabajan lo de ley. El 50% de las que trabajan por días en diferentes casas lo hacen entre 8 y 10 horas diarias, el 31.8% labora entre 11 y 14 horas. Y en el 90.5% de los casos no recibe pago por las horas extras.

Salarios: El 61.9% recibe entre $300 mil y $566 mil al mes. El 21.4% recibe entre $100 y $300 mil, y el 2.4% entre $50 y $150 mil.

Encontramos un fuerte compromiso de acompañamiento y trabajo conjunto en los cinco ejes para realizar tareas muy puntuales frente a su quehacer en la lucha por el trabajo decente que coincide plenamente con la agenda laboral de las mujeres trabajadoras del país, en la urgencia de formalizar el empleo en el país en sectores donde la tasa de informalidad es alta como el de las trabajadoras domésticas.

Nos unimos a esta  organización sindical en sus reivindicaciones específicas por  el derecho a su prima de servicios y promoveremos que se aplique la ley sobre equidad salarial, con el principio de que a trabajo de igual valor salario de igual valor.  Así mismo la exigencia de igualación de la jornada de trabajo y el pago por horas extras, nocturnas, dominicales y festivos.

Exigiremos una verdadera inspección laboral a hogares por parte del Ministerio de Trabajo. Así como apoyaremos propuestas para un  sistema de cotización a la seguridad social integral que garantice a las trabajadoras por días la afiliación plena.

Es importante destacar que la ratificación del convenio 189 de la OIT obliga al Estado colombiano a presentar informes periódicos sobre el estado del Trabajo Decente para las empleadas domésticas, allí, el departamento de la mujer de la CUT aportará para que el informe de las Centrales contenga un balance en este tema.

Finalmente, hacemos un especial reconocimiento a María Roa Borja, presidenta de la Unión de Trabajadoras del Servicio Doméstico, UTRASD, y estamos convencidas y convencidos que estos  logros solo son posibles, con la participación directa de las mujeres y la creación de sindicatos. Las Mujeres trabajadoras de la CUT, las acompañamos en el proyecto de hacer valer sus derechos, nos unimos a sus voces, para seguir señalando que las mayores dificultades para que las mujeres seamos colectivos organizados en el mundo sindical, son las limitaciones de tiempo y espacio para reunirse, y el mayor reto atraer más afiliadas a la organización, al igual que su capacitación en los conocimientos  sindicales.

LIGIA INES ALZATE ARIAS
Directora Departamento Mujer

 

El sindicato de muchachas negras

La historia de cómo un grupo de mujeres busca hacer valer sus derechos laborales. Para respaldarlas, un proyecto de ley de trabajo decente ya está en sanción presidencial.

 

Sindicato, empleadas del servicio, mujeres, negras, Medellín, sería el telegrama para contar lo que pasó el 2 de diciembre, desde las 9:40 de la mañana. Por fortuna, en la modernidad se puede hablar más, más barato, sin intermediarios, y, sobre todo, se oye masivamente a quienes parecían sin voz.

Ese domingo se reunió por primera vez un colectivo, en este caso, un sindicato de mujeres, para reivindicar sus derechos laborales como trabajadoras del servicio doméstico, afro. Aquí empieza el problema: ¿por qué afro? Aunque algunas de las pocas asistentes trigueñas o mestizas, mencionaban que el racismo es un problema que nace en las personas “de color”, la discriminación racial no se la imaginan los negros ni se la inventaron los chocoanos; es un problema mundial que en Colombia se palpa, y cada vez que se palpa, vuelve a doler. “Lo que exigían en un trabajo para vender productos de belleza era el bachillerato, y yo lo tenía, y aceptaron a todas las compañeras que se presentaron, menos a mí, que era la única con este color de piel”, dice una de las iniciadas en el sindicalismo, y estira su brazo y lo recorre con el índice de la otra mano, mostrando que tiene la prueba de su hipótesis: piel negra.

Además del racismo y el maltrato, a muchas de estas mujeres les informa su patrona: “Usted es como de la familia”. Este concepto que puede partir de un deseo genuino, casi nunca se aplica en su significado pragmático, sino que por el contrario, se sitúa en el ámbito de lo abstracto, en el que priman cariño y familia (de la patrona) como valores que pueden reemplazar el cumplimiento de obligaciones legales contantes:

Salario mínimo legal. Seguridad social en salud, pensiones y riesgos profesionales. Horario o jornada máxima legal de 8 horas y de 10 horas para trabajadoras internas. Descanso semanal, mínimo de 24 horas. Pago de horas extras. Pago de horas nocturnas. Pago por trabajo en días dominicales y festivos. Dotación de tres uniformes al año. Vacaciones remuneradas. Consignación de cesantías. Liquidación a la terminación del contrato. Permanencia en el trabajo cuando queda en embarazo y licencia de maternidad. Permiso para los casos de calamidad.

El problema del trabajo doméstico en Colombia, primera fuente laboral femenina urbana, depende de voluntades gubernamentales y civiles. El aspecto legislativo pareciera ser el más progresista: frente a la ley, las trabajadoras del servicio doméstico gozan del mismo tratamiento que cualquier trabajador, excepto por la prima y la jornada máxima para las trabajadoras internas, normativas que se espera cambien a su favor.

En cuanto al Ejecutivo, debe hacer que las empleadoras cumplan la ley, y a las empleadoras les corresponde cumplirla, por encima de creencias como que el techo y el alimento que dan las exime frente a las normas laborales. El género femenino es determinante en este problema: “Nosotras nos entendemos con las patronas; ellas nos dicen cuánto nos van a pagar, lo que tenemos que hacer; ellas nos regañan y ellas son las que también nos humillan”, dice otra asistente, en un descanso de “Del dicho al hecho”, nombre de la reunión. Mientras en sectores laborales como el del comercio, el Ministerio de Trabajo ha hecho 4.000 Inspecciones de Verificación de Condiciones laborales (IVC), y en el de hoteles y restaurantes, alrededor de 1.000, el año pasado, por primera vez, se hicieron cinco visitas; sí, 5 casas de familia fueron visitadas en todo el país (según el informe estadístico de IVC, consolidado en 2011). Es importante destacar que el Ministerio de Trabajo, si se le compara con los últimos 10 años, ha propiciado avances en materia sindical y de apoyo a la formalización del trabajo, con herramientas como Servicio Doméstico, Guía Laboral, una cartilla sobre las normas laborales legales de las empleadas del servicio doméstico en Colombia, publicado en Internet.

Hemos mejorado, sin duda. Sirvienta o manteca, como se las llamaba despectivamente, son términos en desuso, gracias a grupos progresistas y al enfoque de derechos humanos de las ONG nacionales como Carabantú, la Red de Mujeres Afrocolombianas Kambirí y la Escuela Nacional Sindical (ENS); esta última entidad ha liderado el proyecto de inclusión laboral de las empleadas del servicio doméstico.

Los avances también hay que abonárselos a entidades internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (OIT). A la fecha, espera sanción presidencial el histórico Convenio 189, suscrito por representantes de los gobiernos, empleadores y trabajadores de esta entidad, por los derechos de los trabajadores y trabajadoras del servicio doméstico. Suena casi a equívoco hablar en Colombia de trabajadores (masculino) del servicio doméstico; sin embargo, aunque los varones son una ínfima minoría, también forman parte de las 742.000 personas que calcula el DANE, pues se desempeñaron en el trimestre julio-septiembre de 2012 en la categoría de empleado doméstico, aunque se cree que hay mucho subregistro. Una vez el presidente ponga su firma, el Convenio regirá como ley, y servirá como catapulta para continuar el proceso de reivindicación.

A las 11:15, luego de la bienvenida a las 40 mujeres que asistieron a la reunión y de la exposición de las experiencias significativas, a cargo de Ramón Emilio Perea, de Carabantú, llegó el turno de Sandra Milena Muñoz C., responsable de inclusión laboral del área de defensa de derechos de la Escuela Nacional Sindical y líder del proyecto de estas mujeres:

“Muchas de las aquí reunidas estuvieron conmigo capacitándose, pero pueden tener dudas de lo que vinieron a hacer. Aquí estamos creando conciencia de que hay una forma de defender derechos laborales, pararnos y hablar con los empleadores de la triple discriminación que sufren ustedes: mujer, afro y trabajadora del servicio doméstico. Sabemos que es difícil, porque ustedes trabajan hasta 15 horas diarias, y algunas sólo descansan el domingo. Además, nosotros no podemos hablar por ustedes. Podemos apoyarlas y darles herramientas, pero ustedes tienen que hablar por ustedes… hago una pregunta: ¿si una persona trabaja un día a la semana, el empleador está obligado a pagarle seguridad social?”. Sí, respondió ella misma, y dio pie a otros testimonios:

“Por días nos va mejor, pero gastamos más en pasajes y nos acumulan el trabajo de manera inhumana”. “Aunque a uno no lo metan al seguro por días, al menos puede uno sacar tiempo para las reuniones del colegio de los hijos, porque una vez, cuando yo era interna, le mostré a la patrona la citación que me enviaron del colegio, y me dijo: “¡Ay!, en esos colegios si joden”, y no me dejó ir, y entonces cogí mi pago y me largué”.

“Yo en cambio tuve la experiencia de que se unieron los cuatro patrones míos y me afiliaron. Al principio me dijeron que me pagaban 60.000 pesos, y que yo con eso me pagara, y yo les dije que no, que me hicieran un contrato, y que se juntaran. Incluso pude estudiar y ya me gradué de pedagogía infantil”.

En 1989, el 60% de las empleadas del servicio en Colombia eran internas, el 32% externas y el 8% tenían varios empleadores. Hoy la proporción de los dos primeros rubros es inversa. La mayoría trabaja por días.

Luego, Sandra Milena hizo una síntesis de la historia sindical reciente: “derecho que no se conoce, no se reclama”. La mayoría no quiere ser trabajadora doméstica toda su vida; la mayoría es desplazada; son víctimas de acoso y abuso sexual; les niegan y esconden la comida; les toca abandonar a sus hijos; no les permiten los tiempos de descanso diario, y los días de duelo generan malestar con los empleadores; las acusan de “brutas” o ignorantes, y de no tener aspiraciones educativas; se da el trabajo infantil y juvenil con la consecuente vulnerabilidad de las niñas que lo ejercen. Por último, Sandra destacó que la aspiración de las trabajadoras domésticas era conseguir puesto en una empresa.

A las 12:30 se anunció una dinámica, a manera de acción afirmativa, orientada por María Edith Morales, investigadora de las condiciones laborales de las trabajadoras del servicio doméstico, trabajo que se hace en convenio entre Carabantú y la ENS. Las 40 mujeres se dividieron en grupos, para responder un cuestionario que permitió recoger sus expectativas y temores, además de proponer eslóganes para motivar al grupo.

En el salón León Zuleta de la Escuela, se oyeron las primeras arengas: “Sí podemos, sí podemos”, “Unidas por los derechos de las mujeres”, “La unión hace la fuerza”, “Con voluntad y esperanza lograremos nuestros más imposibles anhelos”. Los relatores de la reunión, los organizadores y las sindicalistas primíparas expresaban en sus caras el clímax del evento.

Lo que siguió fue el protocolo de todos los inicios de un proyecto comunitario: lectura sobre la síntesis de las respuestas grupales, a manera de acuerdo; pregunta formal sobre el compromiso: ¿quiénes quieren formar parte del sindicato? 20 alzaron la mano; ¿quiénes quieren seguir trabajando por sus derechos? Todas alzaron la mano. “Felicitémonos”, dijo Sandra, “contemos esto a más gente, las convocaremos a finales de enero y no se nos pierdan”.

Agradeció la asistencia y anunció el almuerzo, para quienes habían sacrificado su escaso día de descanso en la búsqueda de hacer oír sus derechos laborales.